martes 30 de octubre de 2007

DIA final

Bueno, todo muy rico, todo muy lindo, muy bonita la novia. Nosotros vamos arrancando, ¿saben? Que ya se hizo tarde.

Queda, aún queda, sí, alguna cuestión.

Por si alguien se pregunta si de verdad estuve allí adentro o no, bueno, aquí está es el papelito que me dieron cuando me fui. Creo que lo llamaron liquidación final.

Por último, quisiera agradecerle a la redacción de Rolling Stone haber bancado tanto cuelgue. Hubiera sido imposible completar esta experiencia si mis compañeros no se hubieran cargado mi laburo habitual. A mis compañeros en general entonces, y a Ernesto Martelli en particular, toda mi gratitud.

Ahora, adiós.

Y gracias por llamar a Rolling Stone.

viernes 26 de octubre de 2007

DIA Bonus III (El vídeo)

La idea fue producir algo parecido a un prospecto del blog. Un auxiliar que sirviera a la hora de explicar esas cosas que siempre quedan sin explicar. Bueno, quedó esto.

Damas y caballeros, con ustedes, yo mismo.

miércoles 24 de octubre de 2007

DIA Bonus II (El reportaje)

Habían pasado algo más de dos meses cuando, como periodista de Rolling Stone, fui a ver a Norberto Varas, el presidente de Teleperformance y el tipo con el que te pasan cuando llamás a la Cámara de Comercio y pedís con el representante del sector empresario de telemarketing. Es decir, Varas es la cara de la empresa call center argentina. El jefe de los malos. Varas: bu.

De verdad hay mucha gente que lo ve así. Quiero decir, el mapa político del call center parece ser, a grandes rasgos, el de una industria con alta tasa de crecimiento y completa ausencia de cualquier construcción formal de la fuerza colectiva de trabajo. Este desajuste lo pone a Varas en un lugar irremediablemente incómodo.

En la puerta del edificio, sobre la calle Carlos Pellegrini, había una chica repartiendo volantes. Gloria, se llamaba y me contó que la habían despedido de TP porque su médico le prescribió un cambio de puesto de trabajo y la empresa no lo aceptó. Subí con el volante en la mano y, después de esperarlo horita y media, Varas me invitó a pasar.

En la edición de papel, debido a su extensión, la charla quedó extractada. Ahora, aquí abajo, copio la charla completa.


-A ver si podemos partir de acá: estamos vendiendo servicios para empresas de países desarrollados que se pagan con salarios de países en vías de desarrollo...
-Varas: Lo mismo que el grabador con el que estás haciendo esta entrevista, que está hecho en China. Porque el plástico cuesta lo mismo en todo el mundo, ¿Qué tienen los chinos, los coreanos, que lo fabrican y lo exportan? Mano de obra con salarios competitivos.
-Novecientos pesos es un salario competitivo, nadie tiene dudas de eso.
-Varas: No todos ganan esa plata, si tomás una semana de ocho horas estamos pagando casi 1200.
-Ese es un sueldo para los bilingües, y además, casi todos los agentes trabajan seis horas.
-Varas: Hay turnos de cuatro, de seis y de ocho...
-Sí, ¿pero cuál es la mayoría?
-Varas: No hay una mayoría.
-Sí la hay.
-Varas: No. Además, cuando vos comparás un salario lo tenés que comparar hora contra hora, cuánto se paga.
-Pero las seis horas de un sereno en un garage no son las seis horas del call center, donde son más difíciles de sostener.
-Varas: ¿Por qué?
-Porque es estresante.
-Varas: ...
-¿Usted cree que no?
-Varas: Desde ya, poné lo que quieras en la nota.
-Voy a poner lo que usted diga, para eso vine a entrevistarlo.
-Varas: A mi me parece que no es más estresante que el trabajo de un cajero de un banco al que no le puede faltar plata de la caja, no es más estresante que un taxi, no más que alguien que tiene que estar atendiendo al público todo el tiempo.
-A ver, permítame plantearle una situación, concreta, real, y usted me dice después qué tan estresante le parece.
-Varas: Okay.
-Una persona recibe constantemente llamadas, no puede no recibir una llamada, y puede darse el caso de que tenga que esperar una hora para salir de break... eso sin contar el maltrato de su supervisor que…
-Varas: ¿Vos fuste telemarketer?
-Sí
-Varas: ¿En dónde?
-En su empresa, en Teleperformance.
-Varas: ¿Acá?
-Sí.
-Varas: ¿Y por qué te maltrataron?
-No sé, supongo que mi supervisora necesitaba descargarse.
-Varas: ¿Y vos no tenías mi teléfono para llamarme, para elevar una denuncia?
-¿Me está hablando en serio? ¿Me está diciendo que cada empleado maltratado tiene que irse hasta un locutorio y llamarlo a usted? Por otro lado, yo no quería denunciar a nadie, yo sólo quería ver cómo funcionaba este empleo por dentro.
-Varas: Pero si no te sentís correctamente tratado...
-La pregunta es: ¿Qué hacen las empresas cuando la naturaleza del empleo que ofrecen es estresante? ¿Qué hace una empresa como la suya para proteger a sus trabajadores en ese caso?
-Varas: Lo primero es darle la opción de elegir un horario, uno más corto o uno más largo.¿Hace cuánto que trabajaste con nosotros?
-En mayo.
-Varas: Entonces no viste los cambios que venimos dando. Las condiciones de trabajo fueron mejorando...
-Yo tenía que trabajar en su empresa con auriculares y sillas rotas, y eso no fue en los comienzos de la industria, fue hace dos meses.
-Varas: A mi no me gusta tener auriculares rotos...
-Déjeme decirle que los tiene.
-Varas: Pero no me gusta.
-Imagino que no, y de verdad que no me parece grave que unl auricular esté roto, lo grave es que mi supervisor me conteste que no moleste y que vuelva a trabajar cuando le pido que me lo cambie.
-Varas: Tuvimos un crecimiento demasiado explosivo, y no tuvimos tiempo de formar mandos medios. Como industria, estábamos preparados para formar agentes, pero no supervisores.
-Que me diga que las tensiones en los recursos humanos se deben al crecimiento, me suena un poco a: “mirá, nosotros no tenemos nada que ver, fue culpa de lo bien que nos fue”. ¿Crecer no es lo que estaban buscando?
-Varas: Yo no estoy evitando la responsabilidad, lo que digo es que hay costos de crecimiento que no se pueden resolver rápidamente. Ninguna empresa quiere ser considerada maltratadora o negrera.
-¿Cuál es la política de Teleperformance si los trabajadores quisieran crear un cuerpo de delgados en comisión interna?
-Varas: El presidente mundial de esta compañía, que es francés, dice que todos los países tienen que prepararse para que haya grupos de empleados que se organicen y hagan reclamos. Algunos van a ser descabellados y otros van a ser atendibles. Dice que no podemos pensar que vamos a vivir sin eso. Y a mi me parece que tiene razón.
-Pero siguen sin formarse las comisiones. Muchos chicos aseguran que en cuanto comienzan a desarrollar esa instancia son señalados por la empresa y son despedidos.
-Varas: ¿Qué otra cosas creés que te podrían decir?
-No sé, me gustaría saber qué me dice usted.
-Es que, la verdad, me siento bastante lejos de Hitler.
-Nadie lo comparó con Hitler. A ver, si usted me dice que el presidente global de la compañía aconseja estar preparados porque hay que aprender a convivir con esto, pareciera que están abiertos a la posibilidad de que se formen colectivos de empleados bajo alguna clase de encuadramiento sindical. A su vez, los empleados me dicen: “si armamos algo nos despiden”. Alguien no está diciendo la verdad.
-Varas: No me pidas a mi que les organice la comisión interna. Pedime que lo tolere, que lo acepte y que lo escuche. Y yo te digo sí.
-¿Pero entonces por qué no pueden organizarse los empleados?
-Varas: No tengo la menor idea.
-¿Es cierto que en Teleperformance es señalado y despedido el empleado que intenta desarrollar un colectivo sindicalizado, una comisión interna, un cuerpo de delegados, llámelo como quiera, dentro de la empresa?
-Varas: No tengo la menor idea.
-No lo sabe.
-Varas: No, la verdad... Sé que si se forma la tendremos que escuchar y si tiene autoridad legal, tendrá que participar como está establecido en la ley.
-¿Cómo dialoga una empresa con sus trabajadores si no es a través de una representación que esos mismos trabajadores conforman?
-Mirá, yo diálogo todo el tiempo con la gente que veo...
-No le estoy hablando de un cruce en el ascensor. Me refiero a un diálogo estructural.
-Varas: Tratamos de hacer reuniones, yo trato de tener mi oficina con la puerta abierta... y he visto gente que quiere formar sindicato de buena fe y otros con ambición de poder...
-Ni uno ni otros están pudiendo hacerlo. Otra cosa, ¿Por qué no puedo revelar donde estoy si me preguntan?
-Varas: No es competitivo revelar ese dato.
-Okay, ahora, ¿usted puede comprender que mantener esa confidencialidad agrega tensión al pibe que está atendiendo el teléfono?
-Varas: La verdad, lo puedo comprender.
-Bien, estamos llegando a algún lado.
-Varas: Pero también comprendo que trabajar, casarse, tener hijos, todo te agrega tensión y a la vez, te agrega gratificación.
-¿Cual sería la gratificación que le corresponde a la tensión de que mentir forme parte de tu rutina de trabajo?
-Varas: Es que si no la tuviera no duraría ese trabajo.
-¿Cómo va a hacer esta industria para sacarse de encima el mote de empleo precarizado?
-Varas: El lavado de imagen es un trabajo pendiente. Nos toca trabajar con gente muy joven. Muchas veces, el primer empleo es también la primera frustración. Pagamos ese costo

martes 23 de octubre de 2007

DIA Bonus

Bien, como parte de no sé bien qué cosa pero algo bastante parecido a esto ha sido todo, y como fue anticipado en últimos posteos, ejem, que vamos a subir algunos documentos que completan (me gusta pensar que sí, lo completan) mi experiencia call center.

Para empezar, aquí está la nota tal cual fue publicada en la edición de papel de Rolling Stone, número de Octubre.
Mañana, pasado, iremos subiendo otros documentos hasta completar esta semana final. Después, adiós. Y después, si quieren, hacemos la fiesta del reencuentro.

viernes 19 de octubre de 2007

DIA 109 – Hoy, ahora, acá

Seis de la tarde, escritorio, monitor, redacción de Rolling Stone. Hola, qué tal, cómo va.

Los Pumas ya ganaron, ganaron, ganaron, perdieron, ganaron. Y el Tanque Denis está hoy en la tapa de Olé. Nada, que el presente es este presente, y no mayo, aquel presente del que veníamos hablando.

¿Y qué decir desde acá? Bueno, que hace calor, que parece que afuera está lindo.

No sé si de verdad tengo ganas de decir mucho más. Hablar de los objetivos del trabajo… de las conclusiones… de qué quise decir con la palabra “Gordis” del principio o con el párrafo mala onda del final. Es eso que está allí, en este espacio virtual y en las páginas de le edición de octubre de Rolling Stone. Lo que no dice de sí mismo el texto no tiene sentido salir a decirlo después: prefiero fracasar con el chiste a tener que explicar cómo funciona.

Sí tengo que mencionar el asombro que me produce la diversidad de reacciones. No la reacción en sí, sino su disparidad en el mapa de todas. Y de todas, mi favorita es la del que detesta el blog y no puede parar de leerlo. Y entonces comenta. Y cuando comenta putea. Y después de putear vuelve a leer. Y después de leer comenta. Y pide por favor que se termine. Y vuelve a entrar. Y así. Hubo muchos de esos. Son la sal de la ciberexistencia.

Tengo mi propio ranking de comments todo mal. Son mi tesoro. Tengo ganas de subirlo. Capaz.

Bueno, siempre hay alguien a quien estos datos le parecen importantes: al día de hoy, el blog tuvo 145.000 visitas, con 370.000 páginas vistas. Hubiera superado cualquier cálculo previo, si previamente nos hubiéramos puesto a hacer cálculos.

En lo personal, esto va a en serio, pura felicidad del laburo. Estar allí, sentirse un testigo del mundo, de ese mundo, y fotografiarlo tan de cerca. ¿Vieron los fotógrafos que están justo al otro lado de la línea de cal, con el banquito y el lente largo, llevándose jugadas en la cámara sin intervenirlas nunca? Eso, felicidad.

Después del día 29, lo que vino fue trabajo de campo al descubierto. Así fue como, tres meses después de haber salido de allí, Norberto Varas, presidente de la filial local de Teleperformance y referente de la industria argentina del Telemarketing en la Cámara de Comercio, me recibió en su despacho del piso once, o doce, no sé, allá, en las alturas. Fui como periodista de Rolling Stone, pero usé toda mi experiencia como ex empleado de Teleperformance. Tuvimos una larga charla de la que sólo fue publicada una parte en la edición de papel. La entrevista completa es parte de las cosas que, a modo de chaucito, nos vemos, vamos a estar subiendo la semana que viene.

También la apertura de Podetti en la edición de papel, puede ser un lindo wallpaper. Y yo mismo diciendo algunas huevadas finales.

Bueno, me voy que hoy toca Soda, y ya les hablé de mi amistad con Gustavo… ¿o no les hablé todavía?

jueves 18 de octubre de 2007

DIA 29 – Soy tu ex

Estar allí y no pertenecer. Haber sido: dejar de serlo. Algo sucede en el pase, algo se da vuelta -me dan ganas de decir que para siempre- cuando saliste, cuando volviste para comprobar que ya no estás ahí. Son las seis de la mañana, y yo entro al piso sabiendo que es la última vez que entro al piso.

¿A qué lugares se vuelve? ¿Se vuelve de verdad alguna vez a algún lugar? Pequeña P me mira con cara de esta vez sí, plan de acción. Me gusta su expresión de te tengo, chiquito. Me gusta saber que tengo el ancho y ella con la felicidad pavota de un siete de oro. Ya no voy a trabajar aquí más, Pequeña P. Vine sólo a informártelo. Y a preguntarte qué debo hacer para desvincularme correctamente, como corresponde en una sociedad civilizada donde unos respetan a los otros, sin importar grados o jerarquías. Me gusta dejarla con la expresión cambiada, más parecida a ahora me meto el plan de acción en el orto.

Busco a Platinada platinadísima (no voy a decir que desesperadamente sólo por pudor pero la verdad es que sí, un poquito desesperadamente, sí) sólo para pasarle por al lado una vez más. Ahí está, la miseria del poder, el portero que te pregunta ¿a dónde va, joven? en la puerta del edificio sabiendo quién sos, a dónde vas, sabiendo que subís a lo de tu novia, pero igual te lo pregunta porque es todo lo que su poder le va a permitir preguntar a lo largo de su vida: a dónde va, joven. Y no va a perderse la posibilidad de constatar con vos los alcances de su jerarquía pequeñita. Platinada mira seriamente, como hacen las personas que se concentran en sus trabajos, unos papeles, unas listas de algo. Yo le camino al lado, suave, no dejo de mirarla ni siquiera cuando descubre que la estoy mirando. No me tiene. Y por eso se queda. Yo le hago una reverencia apenas, un saludo de codo en la barra. Imposible sentir rabia cuando talla la penita.

Pequeña P me explica que tengo que mandar un telegrama. Bien. Me dice que no sabe bien cómo se liquida mi sueldo, pero seguro que en Pellegrini me explican. Bien. Que vaya a Pellegrini. Bien. Que vaya y pregunte. Ahí está Recursos Humanos. Bien. Ahí me vana a decir bien. Bien. ¿Mañana estarán?

Bueno, me despido de mis compañeros, de La Peque y su yugo, de Chico TV y su alegría saltimbanqui. De mi chico de la Hoz no me despido porque ya no viene: bu. Los dejo a todos acá adentro, yo vuelvo a Rolling Stone, que tiene toda la onda yeah yeah, a levantarme a las once y media de la mañana (las semanas que hay cierre no, las semanas que hay cierre a las once), a zafar entradas para el Pepsi, a ganar fortunas, a charlar con Cerati en los VIPs casuales de las discos a las que siempre defenestramos pero seguimos yendo, a escribir, que eso hacemos los cronistas, escribir, y pensar el mundo de la almitas del suburbio que no se sientan un mes frente al monitor a sacar clientes enojados con su celulares, se sientan un año, o dos, y muhá ja ja ja.

Ay, me agarraron ganas de ver comments. Hasta mañana.

martes 16 de octubre de 2007

DIA 28 – Ha sido un placer

Domingo, 3 de la madrugada. Otra vez, nadie: nadie. Me voy acostumbrando.

Al principio es tentador estar ahí, solo. Después te agarra la paranoia de que debe haber cámaras, de que si rompés algo o le echás un meo al box de Platinada Platinadísima alguien te va a ver, a filmar, a castigar: un tarado.

Voy para mi piso.

La escalera la subo deteniéndome cinco segundos en cada escalón, tratando de comprobar qué se oye. ¿Y qué se oye? Nada, el sonido raspado de mis zapatillas sobre cemento crudo, qué otra cosa.
Así que lo que hay es un imbécil a las tres de la mañana en un edificio del Once a medio terminar, con 600 computadoras apagadas distribuidas en sus dos pisos y rollos de alfombra apilados allá más lejos, subiendo interminablemente una escalera y comportándose como un alienado mientras lo rodea algo bastante parecido al absurdo y al vacío.

Cuando llego al box, ella: la Argentina que no es, a la que le tendría que haber ido mejor si hubiera sido, la víctima tintineante de los que sí lo son, de los que renegamos de serlo pero siempre llega el día en que mucho o un poco sí lo somos, digo, argentinos picaruelos que total, capo: total... Cuando llego al box, ella: La Peque.
La Peque necesita la guita y necesita ganarla en ese horario. Y por eso confía. En el soft que la controla y en el control que le paga. Es probable que no tenga la chance de no confiar.

Me logueo. La imagen, vista de la objetividad panóptica, es la de dos perdedores del sistema, encorvados frente a la pantalla, dos cuadraditos grisáceos contiguos con reflejos de monitores en medio de doscientos cuadraditos grisáceos en sombras. Llega Chico TV, no hay día que no llegue sonriendo.

Al rato, lo escucho transferir a alguien al sector personalizado. Le pregunto:

-¿Sector personalizado? ¿Existe eso?
-No sé. Yo invento cosas para que la gente se ponga contenta.

Después de las cinco, caen los primeros. Los boxes un poco se van llenando, un poco. Y los sonidos son leves pero otros.

No sé bien por qué, pero se me ocurre que está bien si me voy. Y salgo a la calle.
Afuera hace un frío de esos medio mal llevados. Y tampoco de noche el Once se parece a Catalinas: acá lo que duerme no son la oficinas de Sun Microsystems.
Vuelvo una hora después y nada parece haber cambiado demasiado, algunos boxes más han entrado en actividad, pero siguen lejos de ser la mitad.

Me cruzo a Blanca en la sala de break del primer piso. Me dice que se viene el cumpleaños de su hija, la vizcondesa. A mi me agarra la marica tierna y me dejo conmover por el esplendor de esa señora que a esa hora de ese domingo y con 47 años está haciendo ese trabajo de vender cosas por teléfono, y que lo haga con esa fuerza y que lo haga con esa alegría, y que tenga una mañana plena porque ya se viene el cumpleaños de la vizcondesa de su hija, qué sé yo, me termina por confundir y no sé si lo que siento se llama envidia o respeto.

Vuelvo a mi sector. La Peque saca clientes, Chico TV parece que está de break. Seguimos sin supervisores. ¿Cómo es posible que los supervisores no vengan? ¿Cómo es posible que no haya control? La verdad, no tardo mucho es contestarme: el control está, porque lo supervisores no son el control, sino, apenas, su coordinación necesaria. El control comienza cuando apretás el enter luego de meter tu clave. Y si no lo apretás, si estás fuera de control, entonces estás fuera de todo: entonces no estás.

Me siento. Me logueo. Atiendo un cliente, el último ojalá que de mi vida. No recuerdo qué me dice. Odio la obligación de ser especiales que tienen algunas cosas. Me deslogueo. Me paro. Miro: de a poco, aisladamente, los globos empiezan a pedir mantenimiento. De golpe, cuando faltan algunas horas para completar mi día 28 adentro de este call center, decido que ya fue. Encaro para la puerta. Y me voy.

Mientras voy saliendo (me odié varios días por esto, pero no lo pude evitar) voy pensando en ese video de Pimpinela, no sé cómo se llama la canción, donde los dos discuten en un subte todo en blanco y negro, y ella le dice que ya no quiere ser más una mujer oprimida, y él le contesta que a dónde vas a ir sin mí chirusita (chirusita no le dice, pero qué bien le hubiera quedado) y ella que no, que ya no me aplastes, que quiero ser yo misma, y él que andá, que qué me importa, y ella lo deja en la estación en sombras, sube por las escaleras, sale a la ciudad y cuando sale un aire le sopla en la cara y el video se vuelve color. Ella sonríe.

Voy por Rivadavia. Después del video de Pimpinela (aquí está) pienso que querrá decir la realidad cuando te hace pensar en un video de Pimpinela. No sé si me le animo a la respuesta.