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lunes 17 de septiembre de 2007
DIA 10 – Horita y media, no más
4:37. Pasa un supervisor que usa saco de cuero Matrix el elegido y me dice con un suave golpecito en el hombro: “no te duermas”. Yo pego un salto y pongo cara de lo siento, estúpido yo, esclavo malo, malo.
El sueño, otra vez: un enemigo devoto.
Voy a tomar el break. Me levanto. Se lo pido a mi supervisora de turno. (Al margen, van diez días corridos y todavía no tenemos supervisor asignado: ya me han dicho que somos de nadie.) Supervisora de turno responde: de a uno chicos, no pueden salir todos juntos.
Bien, de a uno.
Pero somos seis en el grupo, así que el primero va ahora mismo y el último sale break dentro de una hora y media, a quince minutos cada break. Se lo explico a la chica, con onda se lo explico, le hago la cuenta, todo. Pero señorita supervisora me dice que por ahora es así, que hay muchos llamados en el skill. Se queda. Me quedo. Hay unos segundos donde ella me quiere hacer creer que ya volvió a lo suyo y yo qué hago que sigo ahí, parado como un preceptor. Pero yo sigo ahí, parado no como un preceptor sino como un agente SIVA que quiere su cafecito y se tiene que ir a sentar con la novedad de que no, el cafecito no, a menos de que convenzas a tus compañeros para que te dejen salir primero.
Okay. Vuelvo al box, cojo una llamada: “los sudacas, en nada. Los sudacas como tú, en nada. ¡Adiós, hijoputa!”. En serio, qué laburo copado.
Les tiene que haber pasado: para despertarse ponen el radio-despertador y en un momento impreciso de la mañana terminan soñado con Magdalena o Pergolini, según lo que hayan dejado sintonizado. Después abren los ojos. Después dicen: ah, era la radio.
Bien, a veces soñás con clientes. Una vuelta yo estaba en la cocina de mi casa anterior, pero yo no era yo, y pasaba mucha gente gritando: ¿Me escuchas, tío? ¿Oye, me escuchas?
Los clientes también tienen eso, te despiertan. Si te toca una de esas señoras con pánico tecnológico es como si te despertara tu abuela.
Se vienen los primeros francos: mañana y pasado. Bien. Nos dicen que después ya vamos a ser de alguien: es decir, que vamos a tener un supervisor nuestro y solo nuestro. Y que tal vez sea una supervisora. Y también parece que nos mudamos, que salimos del centro tan corporate y nos vamos al Once de las telas y el mayoreo. La pregunta de la mañana es: ¿y ahí qué me deja?
El sueño, otra vez: un enemigo devoto.
Voy a tomar el break. Me levanto. Se lo pido a mi supervisora de turno. (Al margen, van diez días corridos y todavía no tenemos supervisor asignado: ya me han dicho que somos de nadie.) Supervisora de turno responde: de a uno chicos, no pueden salir todos juntos.
Bien, de a uno.
Pero somos seis en el grupo, así que el primero va ahora mismo y el último sale break dentro de una hora y media, a quince minutos cada break. Se lo explico a la chica, con onda se lo explico, le hago la cuenta, todo. Pero señorita supervisora me dice que por ahora es así, que hay muchos llamados en el skill. Se queda. Me quedo. Hay unos segundos donde ella me quiere hacer creer que ya volvió a lo suyo y yo qué hago que sigo ahí, parado como un preceptor. Pero yo sigo ahí, parado no como un preceptor sino como un agente SIVA que quiere su cafecito y se tiene que ir a sentar con la novedad de que no, el cafecito no, a menos de que convenzas a tus compañeros para que te dejen salir primero.
Okay. Vuelvo al box, cojo una llamada: “los sudacas, en nada. Los sudacas como tú, en nada. ¡Adiós, hijoputa!”. En serio, qué laburo copado.
Les tiene que haber pasado: para despertarse ponen el radio-despertador y en un momento impreciso de la mañana terminan soñado con Magdalena o Pergolini, según lo que hayan dejado sintonizado. Después abren los ojos. Después dicen: ah, era la radio.
Bien, a veces soñás con clientes. Una vuelta yo estaba en la cocina de mi casa anterior, pero yo no era yo, y pasaba mucha gente gritando: ¿Me escuchas, tío? ¿Oye, me escuchas?
Los clientes también tienen eso, te despiertan. Si te toca una de esas señoras con pánico tecnológico es como si te despertara tu abuela.
Se vienen los primeros francos: mañana y pasado. Bien. Nos dicen que después ya vamos a ser de alguien: es decir, que vamos a tener un supervisor nuestro y solo nuestro. Y que tal vez sea una supervisora. Y también parece que nos mudamos, que salimos del centro tan corporate y nos vamos al Once de las telas y el mayoreo. La pregunta de la mañana es: ¿y ahí qué me deja?
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