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martes 18 de septiembre de 2007
DIA 11 – Todo el tiempo para mí
Bien, primer franco.
Vamos a aprovecharlo.
Me voy a tirar un rato y después salgo a hacer cosas.
(Nueve horas más tarde…)
Buenísimo.
El despertador no sonó.
Las cosas ya no se pueden hacer.
Y mi primer franco se esfumó mientras dormía.
Es raro, porque cuando te deslogueaste, ya está. El call no existe. Vos te vas y otro llega a resolver las cosas que hace días venís resolviendo. Lo curioso es que siga existiendo aún cuando ya no existe: que siga ahí. Al menos esa es la impresión que me queda cuando, en casa, sentadito frente a la tele apagada, imagino a mi vieja amiga la consigna “resolución de la llamada = satisfacción” rebotando en los bordes internos… de mi tele.
Mejor prendo.
Está Tinelli. ¡Genial, me recopa Tinelli! Me gusta cuando patea pelotas a la tribuna. Es como si nos quisiera dar más de él, más de lo que ya nos da.
De pronto veo a “resolución de la llamada = satisfacción” ahí dentro, en el piso, bailoteando en el aire, pasando por detrás de cámara, un cordón de letras que flamea loca por el espacio, como los anuncios de las avionetas que pasan volando bajito frente a la playa. “Resolución de la llamada = satisfacción” se le mete al conductor por una oreja para salir inmediatamente por la otra, y los de seguridad manotean en el aire, y el negro Luengo le saca fotos. Y nadie puede atraparla.
Nadie.
No podés vos.
No puedo yo.
“Resolución de la llamada = satisfacción”
Me despierto.
Estoy en casa, sentado frente a la tele apagada.
Mejor prendo.
Está Tinelli.
¡Genial, me recopa Tinelli!
Vamos a aprovecharlo.
Me voy a tirar un rato y después salgo a hacer cosas.
(Nueve horas más tarde…)
Buenísimo.
El despertador no sonó.
Las cosas ya no se pueden hacer.
Y mi primer franco se esfumó mientras dormía.
Es raro, porque cuando te deslogueaste, ya está. El call no existe. Vos te vas y otro llega a resolver las cosas que hace días venís resolviendo. Lo curioso es que siga existiendo aún cuando ya no existe: que siga ahí. Al menos esa es la impresión que me queda cuando, en casa, sentadito frente a la tele apagada, imagino a mi vieja amiga la consigna “resolución de la llamada = satisfacción” rebotando en los bordes internos… de mi tele.
Mejor prendo.
Está Tinelli. ¡Genial, me recopa Tinelli! Me gusta cuando patea pelotas a la tribuna. Es como si nos quisiera dar más de él, más de lo que ya nos da.
De pronto veo a “resolución de la llamada = satisfacción” ahí dentro, en el piso, bailoteando en el aire, pasando por detrás de cámara, un cordón de letras que flamea loca por el espacio, como los anuncios de las avionetas que pasan volando bajito frente a la playa. “Resolución de la llamada = satisfacción” se le mete al conductor por una oreja para salir inmediatamente por la otra, y los de seguridad manotean en el aire, y el negro Luengo le saca fotos. Y nadie puede atraparla.
Nadie.
No podés vos.
No puedo yo.
“Resolución de la llamada = satisfacción”
Me despierto.
Estoy en casa, sentado frente a la tele apagada.
Mejor prendo.
Está Tinelli.
¡Genial, me recopa Tinelli!
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