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lunes 24 de septiembre de 2007

DIA 15 – En la mitad del camino

Quince días de vida call center. Faltan otros quince para completar el mes de laburo. Y yo, con la esperanza intacta. No tengo muy claro esperanza de qué, pero intacta.

En mi pantalla hay un semáforo en verde y uno en rojo. El verde tiene que estar activado para que puedan entrar las llamadas. Cuando lo activo, el sistema registra mi ingreso y en la máquina de mi supervisor (y del resto de los supervisores) el soft delata: el código acd 76342 está activado.
Cada vez que entra una llamada escucho un leve chirrido, como la señal de un contestador, tal vez un poco más débil. Y después, el cliente. Casi siempre.

Algunos llaman borrachos, ya lo dijimos. Otros, los rumanos, lo dijimos también, para practicar español. Y algunos accidentalmente. Pasa bastante con los bebés. Padres ibéricos que les dan a sus bebés ibéricos el celular para jugar y entretenerse, y la criaturita le da al redial, repite el último llamado y entonces yo debo empezar un diálogo con alguien que me dice: ga.
Como estoy obligado a decir la fórmula de bienvenida, aún sabiendo que estoy saludando a gente que no cumplió los diez meses, se forman diálogos como este:
-Vodafone buenos días, mi nombre es Alejandro ¿En qué puedo ayudarle?
-Ga, ga.
-Usted se ha comunicado con su servicio de atención al cliente, ¿hay alguna consulta que desée realizar?
-Ga.
-Muchas gracias por llamar Vodafone.

No hay autoestima que resista una conversación como esta.

Me consuelo pensando que tal vez, océano de por medio, aceleré la introducción de alguien al fascinante universo de la lengua de Cervantes, pero el engaño no dura. Primero porque el segundo bebé que llama te refresca las edificantes políticas internas de la empresa, que pueden hacer que le hables con lenguaje articulado a una persona cuyas facultades intelectuales se encuentran en un incipiente estado de desarrollo. Boludito, de mi.
Y segundo, porque esto que suena como español, se pronuncia como español y parece español, es el español que mi call center quiere que sea.

De Herminio Iglesias a Carlos Fuentes, no hay acto de libertad como el habla. Quiero decir, nadie retrasa la espontaneidad de una locución en busca de una moral sintáctica que la regule. Pero si una empresa la paga a otra empresa para que te pague a vos por tu habla, entonces las cosas cambian.
En la práctica, no hay manera de cumplir con lo que pide la empresa acerca de ser espontáneo (creo que mi Manual para Nuevos Ingresos lo llama “ser personal”) cuando un sistema de vigilancia opera ya no sólo sobre tu habla sino sobre las posiciones que debe adoptar tu cuerpo para que ese habla se produzca.

Tres cosas que me dijeron que por favor no diga:

-Esteee…
-Aguarde en línea
-No

Esteee…: porque sugiere inseguridad.
Aguarde en línea: porque parece que le está pidiendo al cliente que haga dieta. Gordis Chayanne fue la primera que me lo advirtió.
No: porque nunca se le dice que NO a un cliente, hay que buscarle la vuelta.
(También me sugirieron que no use expresiones como “hay que buscarle la vuelta”. Parece que por vulgares)

La cuadratura del box y la sobrerregulación del lenguaje nos son instancias funcionales al bienestar del tipo que se mete cuatro, seis, ocho horas por día en ese box y utiliza ocho, seis, cuatro horas por día ese lenguaje. Digo, tal vez no tenga por qué serlo (o sí, tendría, ya sabemos) pero no esperemos que alguien deje su lugar luminosamente. No es resplandor lo que uno se lleva de un call center.
Un abogado del diablo podría decirme que no es resplandor lo que uno va a buscar allí, sino un salario.
Yo retruco: un salario nunca es un salario solamente, porque un salario tiene dos valores: el material, representado en su poder adquisitivo, lo que te podés comprar con eso que ganaste. Y el simbólico, representado en esa categoría tan resbalosa y maltratada de la historia argentina que conocemos como dignidad del trabajador.
El valor material, el del poder adquisitivo, por pequeño que sea, ese sí el call center permite que te lo lleves.