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lunes 1 de octubre de 2007
DIA 18 – Late con fuerza mi corazón
Me inquieta que el mic del headset quede lo suficientemente curvo como para hacerme sentir uno de esos tipos del fútbol americano que dan órdenes desde afuera del campo. Que corra justo sobre la mejilla y quede allí, al borde de la comisura, perfecto en su curva sobre la cara. Otras veces lo pongo más palito recto y doblo el mic hacia la boca: no me pregunten por qué, pero con ese me siento más empleado de auto Mac.
Todo el tiempo estoy acomodándolo y ya empieza a volverse una obsesión. De golpe me canso de mi mismo y lo retuerzo todo. Después me arrepiento y, atormentado, me digo: ay, no, debe quedar un espanto. Trato de verme en el reflejo del monitor, pero entran llamados, se abren las ventanas y no se ve nada. Hay preocupaciones que adentro de un call center ganan una dimensión inesperada.
Al cliente lo recibe mi grabadora. Okay, se agradece. Pero despedirlo, lo despido yo: “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”. Y ahí se va.
Hoy empecé a contar cuántas veces decía “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”. Fui haciendo palitos en mi cuadernito oculto bajo el buzo oculto hasta que llegué a 17 y medio me aburrrí. Después empecé a hacer de a cinco. Después cuando me acordaba. En total hice 43 palitos, y debo haber dejado de hacer unos 20. Así que unas sesenta veces al día, en un tiempo que no excede las cinco horas y media, durante cinco días a la semana, yo digo: “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”.
Es un fraseo largo, estirado. A veces siento que no llego más al “gracias” del final. A veces no sé ni por dónde voy. Sin embargo, he logrado construir algunos pequeños pensamientos mientras la enuncio. No hay muchas cosas en que se pueda pensar durante un “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”, porque no te dan los caracteres, pero me alcanza para mirar la hora y calcular el break, para sacarme una cascarita, para verlo a Domizi en el aire clavándole un frentazo a Central. Voy ganando oficio.
Hoy volvió mi chico de la Hoz. Me lo encontré en la sala de break, paradito frente a la pantalla de TN, una sonrisa de dientes chiquitos le cruzaba la cara mientras en la tele Nicolas Sarkozy hacía primeros anuncios. Mi amor, qué pibe feliz.
Mañana entramos una hora más tarde. Y en edificio nuevo. Nos dicen que se van a regularizar los francos. Y que ya tenemos supervisora. Late con fuerza mi corazón en la víspera de tu presencia: Santa Patrona del agente Siva descastado, no puedo esperar a conocerte.
Todo el tiempo estoy acomodándolo y ya empieza a volverse una obsesión. De golpe me canso de mi mismo y lo retuerzo todo. Después me arrepiento y, atormentado, me digo: ay, no, debe quedar un espanto. Trato de verme en el reflejo del monitor, pero entran llamados, se abren las ventanas y no se ve nada. Hay preocupaciones que adentro de un call center ganan una dimensión inesperada.
Al cliente lo recibe mi grabadora. Okay, se agradece. Pero despedirlo, lo despido yo: “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”. Y ahí se va.
Hoy empecé a contar cuántas veces decía “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”. Fui haciendo palitos en mi cuadernito oculto bajo el buzo oculto hasta que llegué a 17 y medio me aburrrí. Después empecé a hacer de a cinco. Después cuando me acordaba. En total hice 43 palitos, y debo haber dejado de hacer unos 20. Así que unas sesenta veces al día, en un tiempo que no excede las cinco horas y media, durante cinco días a la semana, yo digo: “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”.
Es un fraseo largo, estirado. A veces siento que no llego más al “gracias” del final. A veces no sé ni por dónde voy. Sin embargo, he logrado construir algunos pequeños pensamientos mientras la enuncio. No hay muchas cosas en que se pueda pensar durante un “bien, manténgase por favor un momento a la espera, voy a transferir su llamada con el sector correspondiente, gracias”, porque no te dan los caracteres, pero me alcanza para mirar la hora y calcular el break, para sacarme una cascarita, para verlo a Domizi en el aire clavándole un frentazo a Central. Voy ganando oficio.
Hoy volvió mi chico de la Hoz. Me lo encontré en la sala de break, paradito frente a la pantalla de TN, una sonrisa de dientes chiquitos le cruzaba la cara mientras en la tele Nicolas Sarkozy hacía primeros anuncios. Mi amor, qué pibe feliz.
Mañana entramos una hora más tarde. Y en edificio nuevo. Nos dicen que se van a regularizar los francos. Y que ya tenemos supervisora. Late con fuerza mi corazón en la víspera de tu presencia: Santa Patrona del agente Siva descastado, no puedo esperar a conocerte.
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