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jueves 4 de octubre de 2007
DIA 21 – Tengo miedo de extrañar
De golpe parece que a nadie se le recargó su cupón, que así es como dice tarjeta. Todo el mundo llama quejándose porque no se recargan los saldos de los móviles y yo termino pidiendo disculpas en nombre de Vodafone muchas veces muchas veces y diciendo que estamos (¿estamos?) solucionando el problema. Qué lindo es ser ellos.
Es curioso escuchar a muchas personas diferentes, diciendo más o menos lo mismo, haciendo uso casi de las mismas palabras con el mismo tono y la misma significación. Y llega el momento en que vos ya sabés, en que no hace falta que siga porque con las primeras dos palabras ya sabés qué le pasa, qué quiere, qué le molesta. Pero hay que dejarlos terminar, son clientes, están enojados y tienen, entre los muchos derechos que tienen, el derecho de completar su reclamo, un poquito a los gritos.
El punto es que te aburre. Uno arranca con el cupón que no se le cargó y por delante quedan cuarenta segundos de sí, ya sé. Sí, ya sé. Sí, esto lo acabo de escuchar, ya lo sé.
Entonces mientras escucho, entro y salgo del hold, a ver si puedo charlar con mi compañero de box, Chico Recursos Humanos, que, se acuerdan, les conté, de día trabaja en Farmacity. A las cinco y cuarto de la mañana, sin dejar de atender clientes, tenemos la siguiente conversación:
-Che, hoy hay descuento con tarjeta de débito en Farmacity Vodafone buenos días en qué puedo ayudarle pueden aprovechar.
-¿Descuento de qué? Vodafone buenos día mi nombre es Alejandro en qué puedo ayudarle ¿de cualquier producto?
-Por favor indíqueme el número de su móvil no, pañales
-Ah, mirá. Por favor indíqueme cuándo realizó la última carga de su cupón ¿y de cuánto es el descuento?
-No sé, no me acuerdo bien manténgase un momento a la espera pero me parece que te hacen el diez por ciento gracias por llamar a Vodafone y para todos los tamaños.
-Qué bueno yo justo tengo que comprar me repite por favor el número de su móvil son buenos los pañales Farmacity y son un poco más baratos manténgase por favor un momento a la espera pero buenos en serio, son.
Y así…
Me gasto el primer break en un tour por el resto del nuevo flamante edificio. Los trofeos siguen ahí. Será para el empleado del mes, tienen que ser. El chico barbita con buzo Narrow que reparte las vinchas no abandona su posición, es todo un soldado. Yo lo veo y pienso que debe haber dormido con el buzo puesto. Al lado, los boxes desarmados van ganando cuerpo, pero falta, todavía falta.
Mmm... hoy volvieron a bajar el contrato de confidencialidad que ya habíamos firmado al ingresar. Escuché que echaron a cuatro chicos porque subieron imágenes de los pisos a youtube. No sé, rumor de sala de break. De todas formas, tienen que estar medio cagados: ninguna empresa se pone de golpe, a cuento de nada, a imprimir contratos de confidencialidad y a repartirlos entre sus empleados para que los firmen, para que los vuelvan a firmar. Es increíble cómo nadie se lo pregunta: nadie se pregunta por qué nos harán hacer esto que nos hacen hacer. Es algo bastante parecido a la compulsión. Firmen, no pregunten y firmen. ¿Pero esto no lo firmamos ya? Firmen, y listo. Yo pongo el gancho mientras pienso que va a estar bueno armar un blog.
Pequeña P pasa, marcial, por detrás de nosotros, que formamos pasillo, espalda contra espalda, sacando clientes enojados y sin recarga. Pasa y vuelve a pasar. Yo la siento en la nuca, el saquito de hilo, que es otro, no es el de ayer, ni el de antes de ayer (¿cuántos tendrá?) yendo y viniendo. Cuando se va, le dice a Chico Recursos Humanos, que está medio desparramado sobre su silla desafiando los insignes preceptos de la sonrisa telefónica: “sentate bien, por favor”. Ah, pequeña P marca presencia.
No nos dejan hablar en inglés, nada, nada, lo que es un tema, porque cuando cae un cliente que te dice: “english operator, please” vos le tenés que contestar en buen español: “voy a transferir su llamada con el sector correspondiente”. Hoy, igual, tiré un par de “hold on, please”. Si Calidad me grabó puedo tener problemas. Siempre hay un problema en el futuro. El miedo es un amigo acá adentro, un amigo de lo más consecuente.
Pasa Platinada platinadísima. Nunca la había tenido tan cerca. Tiene los dientes medio para fuera, no sé, me da monstiker. Nos mira como asomada desde la terraza del Empire State y nos pregunta: ¿Ustedes son de P, no? Lo pregunta con cara de qué asco ser de P. Sí, sí, somos. Platinada platinadísima se aleja altiva y triunfante, como quien regresa a palacio.
Mañana llega nuestro segundo par de francos. Tengo miedo de extrañar.
Es curioso escuchar a muchas personas diferentes, diciendo más o menos lo mismo, haciendo uso casi de las mismas palabras con el mismo tono y la misma significación. Y llega el momento en que vos ya sabés, en que no hace falta que siga porque con las primeras dos palabras ya sabés qué le pasa, qué quiere, qué le molesta. Pero hay que dejarlos terminar, son clientes, están enojados y tienen, entre los muchos derechos que tienen, el derecho de completar su reclamo, un poquito a los gritos.
El punto es que te aburre. Uno arranca con el cupón que no se le cargó y por delante quedan cuarenta segundos de sí, ya sé. Sí, ya sé. Sí, esto lo acabo de escuchar, ya lo sé.
Entonces mientras escucho, entro y salgo del hold, a ver si puedo charlar con mi compañero de box, Chico Recursos Humanos, que, se acuerdan, les conté, de día trabaja en Farmacity. A las cinco y cuarto de la mañana, sin dejar de atender clientes, tenemos la siguiente conversación:
-Che, hoy hay descuento con tarjeta de débito en Farmacity Vodafone buenos días en qué puedo ayudarle pueden aprovechar.
-¿Descuento de qué? Vodafone buenos día mi nombre es Alejandro en qué puedo ayudarle ¿de cualquier producto?
-Por favor indíqueme el número de su móvil no, pañales
-Ah, mirá. Por favor indíqueme cuándo realizó la última carga de su cupón ¿y de cuánto es el descuento?
-No sé, no me acuerdo bien manténgase un momento a la espera pero me parece que te hacen el diez por ciento gracias por llamar a Vodafone y para todos los tamaños.
-Qué bueno yo justo tengo que comprar me repite por favor el número de su móvil son buenos los pañales Farmacity y son un poco más baratos manténgase por favor un momento a la espera pero buenos en serio, son.
Y así…
Me gasto el primer break en un tour por el resto del nuevo flamante edificio. Los trofeos siguen ahí. Será para el empleado del mes, tienen que ser. El chico barbita con buzo Narrow que reparte las vinchas no abandona su posición, es todo un soldado. Yo lo veo y pienso que debe haber dormido con el buzo puesto. Al lado, los boxes desarmados van ganando cuerpo, pero falta, todavía falta.
Mmm... hoy volvieron a bajar el contrato de confidencialidad que ya habíamos firmado al ingresar. Escuché que echaron a cuatro chicos porque subieron imágenes de los pisos a youtube. No sé, rumor de sala de break. De todas formas, tienen que estar medio cagados: ninguna empresa se pone de golpe, a cuento de nada, a imprimir contratos de confidencialidad y a repartirlos entre sus empleados para que los firmen, para que los vuelvan a firmar. Es increíble cómo nadie se lo pregunta: nadie se pregunta por qué nos harán hacer esto que nos hacen hacer. Es algo bastante parecido a la compulsión. Firmen, no pregunten y firmen. ¿Pero esto no lo firmamos ya? Firmen, y listo. Yo pongo el gancho mientras pienso que va a estar bueno armar un blog.
Pequeña P pasa, marcial, por detrás de nosotros, que formamos pasillo, espalda contra espalda, sacando clientes enojados y sin recarga. Pasa y vuelve a pasar. Yo la siento en la nuca, el saquito de hilo, que es otro, no es el de ayer, ni el de antes de ayer (¿cuántos tendrá?) yendo y viniendo. Cuando se va, le dice a Chico Recursos Humanos, que está medio desparramado sobre su silla desafiando los insignes preceptos de la sonrisa telefónica: “sentate bien, por favor”. Ah, pequeña P marca presencia.
No nos dejan hablar en inglés, nada, nada, lo que es un tema, porque cuando cae un cliente que te dice: “english operator, please” vos le tenés que contestar en buen español: “voy a transferir su llamada con el sector correspondiente”. Hoy, igual, tiré un par de “hold on, please”. Si Calidad me grabó puedo tener problemas. Siempre hay un problema en el futuro. El miedo es un amigo acá adentro, un amigo de lo más consecuente.
Pasa Platinada platinadísima. Nunca la había tenido tan cerca. Tiene los dientes medio para fuera, no sé, me da monstiker. Nos mira como asomada desde la terraza del Empire State y nos pregunta: ¿Ustedes son de P, no? Lo pregunta con cara de qué asco ser de P. Sí, sí, somos. Platinada platinadísima se aleja altiva y triunfante, como quien regresa a palacio.
Mañana llega nuestro segundo par de francos. Tengo miedo de extrañar.
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