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viernes 5 de octubre de 2007

DIA 22 - Atentamente

Bien, todo el franco por delante. Y mañana también: 48 horas sin pensar en nada perecido a un call center. Veamos a qué cosa más o menos edificante le podemos dedicar el día. Opciones:

1. Torro extendido con alto para almorzar seguido de torro extendido.
2. Darme una vueltita por la redacción de Rolling Stone para ver cómo se las arreglan sin mí y comprobar que se las arreglan perfectamente, de hecho parece que mi ausencia ha mejorado algunos tiempos de cierre.
3. Perder la batalla contra la culpa del tiempo al pedo, y ponerme a trabajar en mi composición tema call center, pero desde afuera.

Vamos por la tres, sabrán.

Después de hablar y chequear y entrevistar y desgrabar y googlear y volver a entrevistar, me entero de que el único intento real de sindicalización estructurada dentro de un call center terminó en algo bastante parecido a una derrota gremial y dispersión de la fuerza colectiva, la que habían juntado hasta ese momento, al menos. Fue en 2004, en Atento, el call center de Telefónica.
Por entonces, la seccional Buenos Aires de FOETRA, el sindicato que agrupa a los trabajadores telefónicos, presentó ante la Dirección Nacional de Relaciones del Trabajo un denuncia por fraude laboral contra Telefónica de Argentina S.A.(TASA), por mantener a sus empleados de Atento bajo el régimen de empleados de comercio, cuando deberían pertenecer a telefónicos. Atento argumentó que su actividad es estrictamente comercial y que no tiene vínculo con las telecomunicaciones. FOETRA retrucó con que no todos los call centers, pero sí los 4200 empleados que en aquel momento tenía la empresa, debían ser telefónicos, atendiendo al artículo 30 de la Ley de Contrato de Trabajo, que indica la solidaridad de las empresas contratantes con las contratadas en lo referido a la prestación de los empleados. El 2 de noviembre de 2005, las seccionales Barracas y Martínez eligieron delegados, pero la empresa no les reconoció entidad gremial.
El 9, personal de la empresa entró en Barracas para desconectar las máquinas y llevárselas. Y ahí el conflicto empezó a ganar temperatura. Los que estaban se quedaron y buscaron organizarse. Se declararon en asamblea permanente y esperaron. Por la puerta de emergencia salían supervisores y gerentes, mientras llegaba Gendarmería, la seguridad privada de TASA e integrantes de la agencia Seguridad Argentina. Adentro habían quedado 70 teleoperadores en el edificio Sur y cinco en el sector norte. Llegaron los medios. Entró en escena el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. El español Ernesto Vinuesa, gerente general de la compañía, terminó reunido con Alberto Fernández y todo, por unos días, tuvo su escalada de atención. La empresa terminó ofreciendo a lo que llamó “empleados de buena fe” (es decir, no conflictivos) un traslado a otro call. Reincorporó gente despedida pero no les asignó tareas. Fue una jugada exitosa. Lo que quedó fueron setenta teleoperadores de Atento sin reubicar, haciendo llamadas falsas, esperando que algo, si es bueno mejor, suceda.