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jueves 18 de octubre de 2007

DIA 29 – Soy tu ex

Estar allí y no pertenecer. Haber sido: dejar de serlo. Algo sucede en el pase, algo se da vuelta -me dan ganas de decir que para siempre- cuando saliste, cuando volviste para comprobar que ya no estás ahí. Son las seis de la mañana, y yo entro al piso sabiendo que es la última vez que entro al piso.

¿A qué lugares se vuelve? ¿Se vuelve de verdad alguna vez a algún lugar? Pequeña P me mira con cara de esta vez sí, plan de acción. Me gusta su expresión de te tengo, chiquito. Me gusta saber que tengo el ancho y ella con la felicidad pavota de un siete de oro. Ya no voy a trabajar aquí más, Pequeña P. Vine sólo a informártelo. Y a preguntarte qué debo hacer para desvincularme correctamente, como corresponde en una sociedad civilizada donde unos respetan a los otros, sin importar grados o jerarquías. Me gusta dejarla con la expresión cambiada, más parecida a ahora me meto el plan de acción en el orto.

Busco a Platinada platinadísima (no voy a decir que desesperadamente sólo por pudor pero la verdad es que sí, un poquito desesperadamente, sí) sólo para pasarle por al lado una vez más. Ahí está, la miseria del poder, el portero que te pregunta ¿a dónde va, joven? en la puerta del edificio sabiendo quién sos, a dónde vas, sabiendo que subís a lo de tu novia, pero igual te lo pregunta porque es todo lo que su poder le va a permitir preguntar a lo largo de su vida: a dónde va, joven. Y no va a perderse la posibilidad de constatar con vos los alcances de su jerarquía pequeñita. Platinada mira seriamente, como hacen las personas que se concentran en sus trabajos, unos papeles, unas listas de algo. Yo le camino al lado, suave, no dejo de mirarla ni siquiera cuando descubre que la estoy mirando. No me tiene. Y por eso se queda. Yo le hago una reverencia apenas, un saludo de codo en la barra. Imposible sentir rabia cuando talla la penita.

Pequeña P me explica que tengo que mandar un telegrama. Bien. Me dice que no sabe bien cómo se liquida mi sueldo, pero seguro que en Pellegrini me explican. Bien. Que vaya a Pellegrini. Bien. Que vaya y pregunte. Ahí está Recursos Humanos. Bien. Ahí me vana a decir bien. Bien. ¿Mañana estarán?

Bueno, me despido de mis compañeros, de La Peque y su yugo, de Chico TV y su alegría saltimbanqui. De mi chico de la Hoz no me despido porque ya no viene: bu. Los dejo a todos acá adentro, yo vuelvo a Rolling Stone, que tiene toda la onda yeah yeah, a levantarme a las once y media de la mañana (las semanas que hay cierre no, las semanas que hay cierre a las once), a zafar entradas para el Pepsi, a ganar fortunas, a charlar con Cerati en los VIPs casuales de las discos a las que siempre defenestramos pero seguimos yendo, a escribir, que eso hacemos los cronistas, escribir, y pensar el mundo de la almitas del suburbio que no se sientan un mes frente al monitor a sacar clientes enojados con su celulares, se sientan un año, o dos, y muhá ja ja ja.

Ay, me agarraron ganas de ver comments. Hasta mañana.