lo que yo te digo, ¿has entendido?”
(Un cliente)
Hoy Gordis no nos hizo hacer riiiing: hoy nos hizo cerrar los ojos y quedarnos en silencio. Otra vez: veintipico de boludones en el octavo piso de un edificio del microcentro jugando en la madrugada a los ciegos muditos durante tres minutos para imaginarnos (la idea del ejercicio es esa, que nos podamos imaginar) qué siente un cliente cuando se lo deja esperando. Después de un rato, súbitamente, Gordis Chayanne corta el ejercicio con un: “¡Vieron, vieron qué feo que es!”. Después nos explica la teoría de los túneles oscuros, ¿Pueden creer que hay una cosa que se llama “teoría de los túneles oscuros”? Es cuando se hace un bache de silencio o algo así, y comprenderán que eso no puede suceder: no-puede-suceder.
A eso de las once, quedo envuelto en el primer pequeño cataclismo en este mes de call center: siete chicos son (somos) separados para ingresar a otro proyecto. En una semana vamos a estar convertidos en verdaderos agentes Siva, que viene a ser el pibe que deriva al cliente que llama, según el problema que el cliente diga tener. Vamos, entonces, a rutear llamadas y a ser los últimos desclasados de todo el call. Un agente Siva no sabe resolver, no saber cómo dar de baja una línea ni qué hacer cuando un terminal (no se dice teléfono, se dice terminal) no funciona. Vamos a ser, nosotros siete, expertos derivadores de ibéricos encabronados con su servicio. Allá vamos.
Los siete somos: La Peque, chico Recursos Humanos, chico TV, Richard Ricotero, Marian y yo. Ah, también viene mi querido agente nacionalsocialista chico Martínez de Hoz. Por fin somos un equipo.
Así como quedamos seleccionados nos paramos y nos vamos. Dejamos al resto sumergidos en su clase de instrucción. Sufro: no voy a volver a ver a mi Gordis Chayanne.
Nuestro nuevo instructor (se dice formador, perdón) mide dos metros, le gusta vestirse de negro como a Lito Vitale y sonríe casi por cualquier circunstancia. Es el tipo que va a estar parado al lado nuestro cuando tengamos al primer cliente de nuestras vidas justo en línea. Es el tipo al que vamos a poder mirar y encontrar en sus ojos la seguridad que buscamos para decir buenos días, mi nombre es Alejandro en qué puedo ayudarle.
Salgo de break: quince minutos que no deben convertirse en ninguna otra cosa: no quince minutos y diez segundos, por ejemplo. Voy al baño. Pregunta: ¿Por qué las puertas de los boxes están recién pintadas y el resto del baño no? Voy al baño del piso de abajo. Pregunta: ¿Por qué las puertas de los boxes están recién pintadas y el resto del baño no? Fuera de aquí me voy a enterar de que hay una agrupación en las sombras, que se hacen llamar Teleperforados, que son algo así como la reserva sindical, la resistencia, pero que no pueden hacerse ver porque los despedirían enseguida. Entonces, dentro de la empresa, utilizan las puertas de los baños para comunicarse. Eso me dicen. Nadie sabe dónde están, pero están. Es romántico: un grupo que se enfrenta a la empresa dejando carteles pegados en las puertas de los baños. Yo levanto la tapa de un inodoro y en su reverso hay pegada una invitación a una fiesta que los Teleperorados preparan para todos los agentes explotados. Bajo la tapa y ahí queda la invitación, mirando el agüita, a oscuras, esperando al próximo constipado que salga de break.
Nos vamos, pero antes nuestro nuevo formador nos cuenta que se fue de vacaciones a Las Toninas y que por un cuñado que trabaja en CTI usa celular gratis. Un groso.

